Versión para libro electrónico
Os presento un relato corto que escribí hace varios años. Mucho han cambiado las cosas desde entonces, por lo que puedo afirmar que he mejorado mi técnica. De todas formas, es bonito mirar de vez en cuando al pasado y comprobar lo qué rondaba por mi cabeza. Como el post quedaría muy largo, os pongo un extracto y os dejo un enlace para que os lo podáis descargar. Espero que os guste.
SINOPSIS
Relato corto narrado en primera persona acerca de un mundo gobernado por hombres. Nuestra protagonista, nos hablará de un maleficio al que está condenada su familia desde tiempos inmemoriales.
LUNA LUNERA
Siempre he oído hablar a la gente de mí, de la pobre criatura que al nacer se quedó huérfana de madre. Ella sabía que iba a morir el día que tendría que ser el más feliz de su vida, el nacimiento de su primer y único fruto. Ella me lo decía susurrándome, al igual que hacía todas las noches antes de acostarse cuando me contaba cuentos. El que más me gustaba era el de la princesa y el enano; quizá era porque al caerse las lágrimas mientras lo contaba, veía a la persona más hermosa y más maravillosa que conocería jamás en la vida que conocemos.
Trataba del cumpleaños de una aburrida princesa que ni trapecistas, magos ni nada semejante le hacían sonreír hasta la llegada de un enano trapecista. Él era el único que conseguía hacerle reír, hasta que caía exhausto por sus múltiples piruetas. La princesa, triste, se retiraba a sus aposentos. El enano al recuperar las fuerzas iba a pedirle a la princesa que se marchara para siempre con él, lejos de palacio, pero la imagen de un monstruo reflejado en un espejo acababa por matarlo. Era entonces cuando la princesa decía a sus súbditos: “De ahora en adelante, que todos los que vengan a palacio no tengan corazón”.
La historia de mi madre es la de la princesa, salvo que en este cuento la bella muere y la bestia vive. Ella quería que yo naciera, que abriera los ojos a esa luna llena tantas veces admirada en su tierra natal, aún sabiendo los acontecimientos venideros. Yo no iba a ser un chico “normal”, necesitaría mucho esfuerzo y la ayuda desinteresada de mucha gente para labrarme un futuro sin más barreras de las que la enfermedad atraía. Al menos eso le decían los sueños el día 3 de cada mes, día en el que casualmente nací. Sus augurios se hicieron ciertos salvo por la deformidad que supuestamente iba a tener. Esas visiones en realidad no le hablaban de ninguna enfermedad. Lo único que querían alertarle era de que yo iba a ser una niña, cuya vida estaría marcada por la desigualdad y el miedo.
Lo extraño de todo fueron aquellos primeros instantes de vida que tuve. No lloré. Ella me había estado preparando 9 meses haciéndome fuerte con sus alentadoras palabras para ese momento. Desde entonces tendría que valerme sin más ayuda que la mía físicamente hablando. Siempre tendría a mi madre conmigo.
Para terminar de leerlo...




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