Hace tiempo que quería reflexionar en voz alta sobre un tema, un oficio, lo que en mi caso significa hacerlo por escrito y con palabras, sin miedo a la afonía ante tanta vergüenza. No he podido contenerme. Hoy, la fría gota de basura, con sus moscas revoloteando en la mugre, se ha abierto paso por el techo cayendo estrepitosamente en mi ojo izquierdo. ¡Putas goteras!
Aún me acuerdo cuando en mis años chicos todavía se respetaba a quien ejercía el periodismo, siendo la ardua tarea de informar objetivamente tan merecedora de la admiración como la loable labor de médicos o abogados. Eran los años en los que se compraba el periódico a diario, donde más o menos acertadamente y según su línea editorial, podías conocer lo que sucedía a tu alrededor o a lo largo y ancho de este mundo cuyo rumbo ha sido modificado. La televisión todavía andaba en pañales, sin estudios de mercado de por medio, llena de inocencia y por norma general con programas de interés. Después llegaron las cadenas privadas y con su desembarco vinieron nuevas formas de engatusar al público. Comenzaron los años en los que todo valía hasta que, por inercia, se ha conseguido llegar al punto en el que ya nada vale nada.
Los platós de televisión se han convertido en un circo y sus presentadores en unos freaks. Y no, no me refiero a frikis, no tergiversemos las palabras. Os hablo de freaks, monstruos. Lo que se ha podido ver en el programa de Ana Rosa Quintana con la confesión por parte de Isabel García del asesinato de la niña Mari Luz es realmente tétrico, descorazonador. Más aún, cuando existen imágenes en las que se puede ver en primera persona cómo lo han conseguido.
Desde Barcelona y Madrid la prensa deportiva ha cavado su propia tumba de la mano de periódicos como Marca, As y Sport, en el que cualquier equipo que no sea el suyo no merece reseña ninguna, siendo su único objetivo desestabilizar al enemigo público nº1 a base de medias verdades o manipulaciones infográficas. Ellos son los que incitan a la violencia y a la crispación, los culpables en gran parte del fanatismo futbolero al que estamos sometidos. ¿Dónde ha quedado el baloncesto, el ciclismo, el balonmano o el tenis? No hay rastro de ellos, lamentablemente han muerto. Después están los Manolos, aunque para hablar de ellos ya no merece la pena ni gastar tinta.
Sin querer sonar alarmista, no podría terminar sin nombrar los periódicos digitales, donde los medios tradicionales han encontrado un auténtico filón para rellenar sus portadas con noticias que van desde la prensa rosa hasta el total amarillismo irracional, sin necesidad de nombrar fuentes a unas noticias que lo único que buscan es la controversia. Lo aderezan con imágenes de señoritas cuasi en pelotas con cualquier excusa y ya tenemos a todos y cada uno de los lectores tipo.
Señoras, señores, no os echéis las manos a la cabeza. El periodismo actual no es otra cosa sino el fiel reflejo de la sociedad. Nosotros somos los que pedimos carnaza, los que juzgamos y condenamos sin presunción de inocencia (¿os suena de algo la Ley Sinde entre otros?), los que disfrutamos viendo convivir a personas dentro de cuatro paredes, los que preferimos ver el último bodrio hollywoodiense a cualquier producto nacional y los que gritamos ¡Sálvame! antes que desconectar y coger un libro.









