domingo, 5 de febrero de 2012

El tabú del patrocinio de escritores

El patrocinio de los escritores no está muy extendido en España. Prueba de publicidad creativa.

Los escritores somos un gremio cargado de mala baba pero, sobre todo, de mala leche, la cual se corta al instante cada vez que estudiamos el balance de nuestras cuentas. Los activos rara vez superan a los pasivos y, mientras tanto, algún colega de profesión de altas miras se remueve en su asiento, como un muerto en su tumba cuando descubre que le prestan a otro sus calzoncillos de la suerte, cuando encuentra su novela pirateada y rompe a llorar lágrimas de cocodrilo. Si siente fobia y suda al ver su manuscrito entre los más descargados, cosa que habría que demostrar con algo más que palabras, quizá sea mejor que acuda a un convento de clausura y, de paso, que le enseñen a mantener sus atuendos a buen recaudo en vez de ir aireando sus vergüenzas a las primeras de cambio.

El resto de cofrades estamos abocados a ganarnos el pan con trabajos esporádicos de otra índole, o bien destinados a agudizar el ingenio para llegar a fin de mes. Como apenas se habla del tema, la única conclusión posible es que el patrocinio de escritores o de sus novelas es un tabú. Pongamos las cartas sobre la mesa, señores. Aceptemos el all in de nuestros contrincantes con nuestro póker de ases. No hay que temer al azar, sino amilanarlo hasta desdentarlo.

Cualquier equipucho de poca monta, formado por alguien que dejó de ser Valderrama para convertirse en el señor de la lotería, un barrigudo que emplea su ombligo como posavasos, otro que se sube las medias por encima de sus enclenques pantorrillas, un descarriado que soñó con parar un penalti con el salto del escorpión y el carnicero de la esquina que reparte tanta leña como carbón el carbonero, no encuentra ningún problema en lucir una esplendorosa equipación gracias a la cuantía recibida por la tasca donde almuerzan todos los domingos.

Las series, la industria cinematográfica, los deportistas, los famosos, los aventureros. Son tantos los ejemplos de carne de publicidad que me parece sorprendente que nosotros, los escritores, quienes por cierto tenemos más argumentos para que una marca se fije en nosotros que el equipo de eternas promesas antes mencionado, nos quedemos de brazos cruzados, como si estuviéramos castigados en un rincón mirando a la pared. Nosotros somos un activo capaz de mover a las masas, influimos en sus gustos y tenemos la sorprendente capacidad de generar controversia allá donde vamos. ¿No os parecen motivos suficientes?

El tema tiene guasa. Con apenas imaginarnos los múltiples bolos que realizaremos al presentar en sociedad un libro, con apenas olisquear la tinta derramada por la infinidad de entrevistas, menciones y reseñas en la prensa escrita, con apenas echar una cerveza a nuestra vera en cualquiera de las redes sociales en las que participamos, bastaría para apostar por nosotros. No es así, bien porque no somos lo suficientemente guapos, o bien porque ni siquiera hemos sopesado la posibilidad.

Naparbier se ha aventurado a patrocinar mi primera novela, aunque todavía no me queda claro si os estoy hablando de una acción pionera o de un sueño utópico. El paso del tiempo lo esclarecerá.

Fotografía | Soluciones rentabilidad

4 comentarios:

Es cierto que la vida de un escritor parece destinada al sufrimiento. Salvo en el caso de unos cuantos ya consagrados que parecen haber nacido estándolo, para el resto de los mortales el tratar de imitarles se asemeja más a una epopeya.

De todas formas, siendo como dices un activo capaz de mover masas, creo que ahora es un momento propicio para que las cosas comiencen a cambiar para bien. Cuando la gente hace tiempo que ha comenzado a quejarse de no ganar lo suficiente, de ser humildes víctimas de piratas modernos empeñados en acabar con la cultura de raíz, es hora de demostrar que las cosas pueden funcionar de otra manera. Las herramientas están al alcance de todos.

Aunque para ello es obligatorio que todos modifiquemos nuestra mentalidad actual.

Julen
Comparto tu punto de vista, si bien es cierto que quien mueve las masas no es el escritor, sino el gremio que conforman los escritores. Es verdad que algunos tienen más voz, pero de poco, o de nada, sirve las ganas de hacer las cosas de otra manera si no hay gente que respalde esas ideas.

Todavía queda mucho camino por recorrer pero el futuro está cargado de emoción, pues en el año 2011 los libros electrónicos se han aupado hasta copar el 18% de las ventas totales en España. Si cambia la forma de leer, ¿es tan descabellado pensar que los escritores podemos revertir nuestra precaria situación?

Esa es la cuestión. Yo creo que los libros electrónicos si van a cambiar la forma de leer de la gente. Poco a poco se harán con un espectro más amplio de lectores, momento que los nuevos escritores podréis aprovechar para llegar con mayor facilidad hasta ellos.

No creo que los escritores lleguemos a más gente, exclusivamente, gracias a los libros electrónicos. Eso ayudará, por supuesto que sí, pero lo que más puede servirnos es precisamente la interacción con los lectores. Para eso están los blogs y, no olvidemos, las redes sociales: para compartir opiniones de ambos mundos y estrechar la distancia que había hace unos años.

Actualmente no hay excusa para no conocer más en profundidad a la persona que le vas a comprar un libro. Y eso, agrada a ambas partes y repercute en las ventas.

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