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| Las correcciones de las novelas se convierten en un cuento de ciencia ficción |
Este artículo es la continuación del manual de supervivencia del escritor novel: pasos previos.
Qué hacer después de escribir nuestro primer libro
Supongamos que hemos conseguido lo más difícil, terminar nuestro primer manuscrito. Hemos pasado miles de horas a la intemperie, con nuestra vida social aparcada en doble fila y sin cambios para la zona azul, y con varias personas de nuestro círculo más cercano preguntándonos que qué hacemos. ¿No vas a ponerte a trabajar? Nos preguntan. Nos insultan con cinismo, a la cara, con el desdén propio de alguien que no entiende lo que supone estar en nuestro pellejo; qué le vamos a hacer, son gajes del oficio. O lo tomas o lo dejas. Así de simple.
La siguiente etapa, más alpina si cabe que la propia elaboración de la novela, es su puesta a punto. Es una tarea enfermiza, carnavalesca, odiosa, en la que deberemos corregir nuestros propios errores. En este proceso nos conoceremos bien, y calcularemos el grado de crítica que somos capaces de tolerar por nosotros mismos. Nuestro egocentrismo se hará pedazos y deberemos lidiar con todos y cada uno de sus secuaces.
Tipo de correcciones a tener en cuenta
Escribir un texto de 500-1.000 palabras requiere un tiempo considerable para darle el visto bueno y asegurarnos de que es apto para publicar. Imaginad ahora el baile de las más de 96.700 palabras que conforman El péndulo de hielo, mi primera novela. Imaginad, por un momento, que en este claqué se han tenido que desechar otras miles de palabras. Creedme, cuesta hacerlo al principio, más de lo que uno se puede imaginar; pero hay que hacerlo. La tijera es una de las herramientas con la que más trabajaremos y, aunque nos deje cicatriz, nos hará aprender a separar el oro de la paja. ¿Qué más deberemos mirar en nuestras revisiones?
- Las siempre molestas garrapatas: las erratas.
- El déjà vu que voló sobre el nido del cuco: las repeticiones.
- La delgada línea entre lo brillante y lo vulgar: el léxico.
- La dama que huye del diccionario: la ortografía.
- El bueno, el feo y el malo: el guión.
- Los llaneros solitarios: los diálogos.
Una vez finalizada esta oda a la demencia, como si fuéramos El Pensador que Rodin ideó para acompañar a la Divina Domedia de Dante, toca volver a desmenuzar el manuscrito siguiendo con las pautas antes expuestas; una vez, y dos y tres; hasta cuatro, cinco o seis veces si hace falta. Nunca nos quedaremos conformes del todo con el resultado final, pero es algo que paulatinamente lo iremos asumiendo con cada nueva corrección.



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